El Centro de Estudios Garrigues clausura el curso 2017/2018

El viernes 29 de junio, el Centro de Estudios Garrigues puso la guinda final a un curso repleto de novedades con la celebración del acto de clausura de la promoción 2017/2018 que tuvo lugar en el Palacio Municipal de Congresos de Madrid.

El evento contó con la presencia de Álvaro Rengifo, presidente de AMREF España, además de Ricardo Gómez Barrera, Fernando Vives y Félix Plaza.

Después tuvo lugar la entrega de premios deportivos que corrió a cargo de Damián Quintero, campeón de España y del Mundo de kárate  y alumno del SBA, que hizo un emotivo discurso. El acto se cubrió minuto a minuto en las redes sociales dejando algunos mensajes para el recuerdo:

El centro comenzó el curso con la llegada de su nuevo director, Félix Plaza, y con la creación de nuevos títulos como el Curso Executive en Blockchain e Inteligencia Artificial, el Curso Executive Fintech, el Programa Executive en Corporate Compliance o el MBA en Fashion Business & Law.

Sobre el origen intelectual de blockchain (III). Más precursores próximos

Terminé el post anterior ocupándome de la figura de David Chaum y de cómo su proyecto DigiCash no suponía una verdadera ruptura con el dinero de curso legal tradicional. El salto disruptivo al respecto, aunque fuera en un plano todavía meramente teórico o especulativo, es atribuible a los siguientes dos personajes de esta historia.

El primero de ellos colaboró precisamente con David Chaum en la malograda empresa DigiCash. Se trata de un estadounidense con apellido de origen húngaro: Nick Szabo. Personaje polifacético: graduado en 1989 en ciencias de computación por la Universidad de Washington, criptógrafo y jurista. Además de trabajar en DigiCash, fue el diseñador de Bit Gold, un proyecto de divisa digital antecesora de Bitcoin y blockchain. De hecho, muchos han afirmado que la identidad real tras el seudónimo “Satoshi Nakamoto” –el creador de Bitcoin- es Szabo, algo que él siempre ha negado. Así, el escritor y periodista financiero británico Dominic Frisby afirma: “I’ve concluded there is only one person in the whole world that has the sheer breadth but also the specificity of knowledge and it is this chap…”. Incluso una subunidad de la criptomoneda Ether (la moneda de la plataforma Ethereum) ha sido bautizada con su nombre (el “szabo”).

La primera gran aportación de Szabo a nuestro tema fue un artículo publicado en una revista futurista y transhumanista californiana denominada Extropy en el año 1996 con el título “Smart contracts: building blocks for digital free markets”. En este visionario artículo Szabo, como informático, criptógrafo y a la vez jurista, se plantea cómo la combinación de Internet con los modernos protocolos criptográficos (criptografía asimétrica o de doble clave, sistemas de firma ciega como los ideados por Chaum, o de firma múltiple, protocolos de mixing) podría revolucionar el derecho tradicional de contratos, permitiendo que esa pieza jurídica básica que es el contrato y que es la base de toda nuestra economía de mercado pudiera estar a la altura de las exigencias del comercio on line. En este artículo se crea el concepto y la terminología –ahora mismo en boca de todos- “smart contract” o contrato inteligente: un programa informático mediante el cual se ejecutan de forma automática unas prestaciones que no sólo son convenidas sino además programadas, lo que da lugar a un contrato que se autoejecuta con la ayuda de la tecnología informática. Algo ideal precisamente para una contratación no sólo entre ausentes sino entre desconocidos, que no tienen ningún motivo para confiar entre sí. También encontramos por primera vez el término “smart property” o propiedad inteligente, que es el resultado de integrar un contrato inteligente en un objeto físico (un automóvil, la cerradura de una vivienda), de manera que la disposibilidad física de ese objeto también sea programable según los términos de un determinado acuerdo.

Este primer artículo sobre los smart contracts fue revisado y ampliado en una publicación del año 1997 con el título “Formalizing and securing relationships on public networks”. En este texto encontramos ya una alusión a la idea de una confianza distribuida, es decir, a cómo la intervención de varios agentes en el control y registro de una transacción es una garantía de seguridad y de protección contra el fraude.

Esta idea se desarrolla y empieza a ganar entidad en publicaciones posteriores como “Secure Property Titles with Owner Authority” del año 1998, un artículo en el que, ante los problemas de inseguridad y de discrecionalidad política que -sobre todo en países poco desarrollados- suscitan los sistemas de registro de propiedad centralizados, propone una base de datos de títulos de propiedad distribuida o replicada a través de una red pública (un sistema de registro que –nos dice- sería capaz de sobrevivir a una guerra nuclear). Se trata de la creación de una especie de club de propietarios por medio de Internet, que se conciertan para llevar el rastro de la propiedad de algún tipo de activo. El título de propiedad de cada uno sobre un objeto estaría autenticado con la firma electrónica del titular anterior y así sucesivamente formando una cadena. Y el registro de la cadena de títulos de la que resulta quién es el propietario actual de cada objeto se basa en un consenso de la mayoría de los participantes, dado que es improbable que todos se pongan de acuerdo para cometer un fraude. Como veremos, aquí está ya in nuce el sistema de registro de titularidad de Bitcoin.

Otro importante artículo en que estas ideas se desarrollan es “Advances in distributed security” del año 2003, donde Szabo nos propone desechar la pretensión de una seguridad absoluta imposible de alcanzar, para conformarnos con sistemas con una alta probabilidad de seguridad como la que proporciona la criptografía. En este contexto, plantea cuestiones como un time stamping o sellado de tiempo distribuido, el empleo de los hashes como forma de identificar los mensajes o archivos objeto del sellado de tiempo, la creación de redes de replicación “bizantino-resilientes”, etc.

Además de la preocupación por sistemas alternativos para asegurar el cumplimiento de contratos y el tracto de las propiedades haciendo uso de Internet, la programación informática y la criptografía, Szabo puso también su atención en el tema específico del dinero, yendo mucho más allá del planteamiento de David Chaum. Lo que preocupaba a éste, como vimos, era el tema de la privacidad: cómo la intermediación de las entidades financieras en nuestros pagos electrónicos proporciona a éstas el conocimiento de datos esenciales de nuestras vidas. Szabo se enfrenta a otra cuestión: el sometimiento del valor del dinero que usamos a la discrecionalidad de las autoridades políticas, es decir, el problema de la inflación discrecional. Aquí es donde incide su propuesta Bit Gold del año 1998, que es coetánea de una idea muy similar: b-money de Wei Dai.

Este Wei Dai es un criptógrafo graduado también en ciencias de la computación por la Universidad de Washington, que en el año 1998 publicó un texto muy breve con el título “B-money: an anonymous, distributed electronic cash system” en la Cypherpunks mailing-list y que sería citado como referencia en el whitepaper de Satoshi Nakamoto (no así obra alguna de Szabo). La motivación de este Dai, como buen criptoanarquista, era básicamente la opacidad de las transacciones dinerarias y la terminología resulta quizá excesivamente elocuente al respecto: “dinero b”. Como curiosidad, indicaré que la fracción mínima de la criptomoneda Ether se denomina “wei”, como homenaje a este precursor.

Lo que se plantean estas propuestas (que enlazan con las visiones más radicales del criptoanarquismo de Tim May al que Dai cita explícitamente en el comienzo de su artículo) no es representar en un nuevo formato electrónico el dinero de curso legal ya existente para facilitar o conseguir el anonimato de los pagos electrónicos, sino de reemplazar ese dinero de origen estatal por un nuevo dinero creado por los propios usuarios asistidos por la red y la criptografía. Esta pretensión –como vemos, de significado político mucho más radical, pues viene a cuestionar uno de los atributos claves de la soberanía estatal, la acuñación de moneda- plantea un problema que va más allá de lo que es un simple problema de registro contable para controlar la circulación del dinero, es decir, para evitar la doble disposición de un activo digital: la cuestión de cómo se controla la creación de este dinero, para evitar la discrecionalidad y para asegurar su escasez y que de alguna manera sea reflejo de una actividad o valor económico.

Wei Dai propuso una especie de subasta on line periódica entre los participantes en el sistema para fijar el monto de nuevas monedas digitales puestas en circulación.

El planteamiento de Szabo era diferente. Éste llevaba tiempo dándole vueltas a la idea de cómo conseguir que una simple cadena o string de bits (una determinada sucesión de ceros y unos) fuera algo en sí mismo valioso. Estaba buscando un objeto digital que pudiera funcionar como el oro. El instrumento que concibió para ello –que es, a su vez, una aplicación del algoritmo hashcash creado por Adam Back para prevenir el spam de correo electrónico, citado también por Nakamoto- fue una prueba de trabajo computacional (lo que se conoce como una proof-of-work) a cuya solución se le pudiera atribuir un significado económico similar al oro, por el esfuerzo y aplicación de recursos que requiere su extracción, en este caso, el empleo de ciclos de computación. Así, este dinero electrónico ideado por Szabo se gestiona mediante un programa en la red que propone a los participantes en el sistema un determinado reto o problema matemático. Este problema o puzzle matemático está relacionado con la función criptográfica conocida como hashing y sólo se puede resolver aplicando “fuerza bruta computacional”, es decir, probando con distintas cifras hasta obtener un resultado que cuadre. El resultado así obtenido, que tiene la forma de una determinada serie o string de bits, se convierte en la primera unidad monetaria del sistema, con la que el programa premia al participante que ha sido el primero en encontrarla, y que éste puede emplear para hacer pagos a otros usuarios y así esta unidad monetaria o sus fracciones empiezan a circular. Y, a su vez, esta primera string de bits que se obtiene como resolución del problema constituye el punto de partida del siguiente reto que el programa plantea a continuación. De esta manera, de forma periódica y programada, se van introduciendo nuevas unidades monetarias en el sistema.

Quizá este planteamiento fuera un tanto primitivo –deudor de una concepción metalista y por tanto materialista del dinero, como cosa que debe estar dotada de valor intrínseco y no como un simple símbolo de valor-, y también desacertado, porque el valor intrínseco que atribuimos al oro no deriva sólo de su escasez y dificultad de obtención, sino de sus cualidades intrínsecas como sustancia, lo que nunca se podrá decir de una ristra de ceros y unos por compleja que sea su obtención.

Esta idea de Bit Gold, como el b-money de Dai, nunca se llegarían a poner en práctica, pero constituyen los antecedentes más directos de Bitcoin.

Nº 1 en el Ranking El Mundo

De nuevo números 1 en el Ránking de El Mundo y Expansión 2018-2019

Los másteres del Centro de Estudios Garrigues ocupan el Nº 1 en este prestigioso Ránking en las categorías: Derecho Empresarial, Derecho Fiscal y Tributario, Práctica Jurídica Laboral,  Banca y Finanzas y Recursos Humanos.

La oferta formativa de posgrado del Centro de Estudios Garrigues se consolida así como la mejor opción del mercado para el estudio de las especialidades de Práctica Jurídica Empresarial, Práctica Jurídica Tributaria Práctica Jurídica Laboral, Banca y Finanzas y Recursos Humanos.

Esta rigurosa guía, elaborada anualmente por los diarios El Mundo y Expansión con la ayuda y opinión de más de 800 expertos, personal docente, estudiantes, antiguos alumnos y empresas, recoge, por especialidades, los 250 mejores programas de master, que han sido seleccionados entre más de 1000 opciones. Los resultados del ranking se obtienen tras el análisis pormenorizado de 25 criterios diferenciados entre los que se encuentran la calidad del personal docente, la adaptación de los contenidos del master a la realidad profesional, o la inserción laboral de los alumnos tras la culminación del master.

Es un orgullo para nosotros obtener un año más el reconocimiento que supone alzarse con el número uno en todas las categorías en las que nos presentamos en este ránking, éxito que queremos compartir con todas las personas que lo hacen posible y en especial con nuestros alumnos por la confianza que depositan en el Centro de Estudios Garrigues para la proyección de su carrera profesional.

Vanessa Izquierdo, directora académica del Centro de Estudios Garrigues, participa en el evento pionero Legal Millennials

Enfrentarse al mercado laboral y a la decisión de cómo orientar la carrera profesional al finalizar los estudios son problemas que atañen a cualquier estudiante. Debido a la gran variedad de posibilidades que ofrece el sector, este momento resulta más difícil si cabe si lo que se ha estudiado es Derecho.

Con el objetivo de ayudar a despejar todas las incógnitas, de la mano de la plataforma de conocimiento Bbrainers y del portal jurídico TodoJuristas.com, el pasado viernes 22 de junio tuvo lugar Legal Millenials, una novedosa feria orientada a los jóvenes y centrada en el talento.

A través de mesas redondas y otras actividades, el acto, que contó con la participación de los más destacados centros formativos del sector jurídico, asociaciones jurídicas, firmas de servicios y despachos, así como de profesores, catedráticos, abogados, opositores y otras figuras representativas del mundo de la abogacía, ofreció consejo para guiar los pasos de los casi doscientos jóvenes licenciados en Derecho que asistieron al evento en búsqueda de orientación para su recién estrenada carrera profesional.

“Queremos que el encuentro sea una alternativa complementaria a la formación habitual que refresque, inspire y motive a quienes empiezan a abrirse camino”, afirmó Delia Rodríguez, abogada emprendedora y creadora de la iniciativa BBrainers. Por su parte, Andrés Ruíz, creador del portal jurídico TodoJuristas.com señaló: “Legal Millennials sin duda supone un punto de encuentro para aquellas personas que tienen hambre de conocimiento y ganas de conectar con profesionales que puedan orientarles y guiarles desde su propia experiencia personal”

Más de 20 ponentes de gran prestigio en el sector, entre los que estuvo Vanessa Izquierdo, directora académica del Centro de Estudios Garrigues quien formó parte del panel En busca de mi primera oportunidad laboral, compartieron sus vivencias profesionales y ofrecieron su asesoramiento a los jóvenes asistentes, ayudándoles así a dar un paso certero y preciso en la construcción de su futuro profesional.

La nueva obligación de comunicación de los intermediarios fiscales

La Unión Europea ha aprobado finalmente y tras una tramitación especialmente rápida la Directiva por la que se obliga a los llamados intermediarios fiscales a suministrar determinada información sobre operaciones transnacionales con trascendencia fiscal. Nos referimos a la Directiva 2018/822, de 25 de mayo de 2018 (DOUE de 5 de junio), que modifica la Directiva 2011/16/UE por lo que se refiere al intercambio automático y obligatorio de información en el ámbito de la fiscalidad en relación con los mecanismos transfronterizos sujetos a comunicación de información.

1.- Antecedentes de la Directiva

Algunos países habían ensayado fórmulas de comunicación de transacciones que podrían suponer una planificación fiscal agresiva. Fue el caso de Estados Unidos con su sistema de “tax shelter disclosure” o del Reino Unido con el llamado DOTAS o “disclosure of tax avoidance schemes”. Estas experiencias se  extendieron a otros países e inspiraron  la Acción 12 del proyecto BEPS, sobre las “mandatory disclosure rules”. En el informe final correspondiente, la OCDE invitaba al uso de estas fórmulas de comunicación de información, en relación con los “promotores” de esquemas estándar identificados mediante “hallmarks” o características listadas. La comunicación tendría la doble finalidad de proporcionar información inmediata a las Administraciones y de disuadir de la oferta de esquemas de planificación fiscal abusiva.

Recogiendo estas ideas del proyecto BEPS, la Comisión europea presentó una Propuesta de directiva el 21 de junio de 2017 y, tras el acuerdo político del ECOFIN de 13 de marzo de 2018, se llega al texto de la Directiva 2018/822 que presenta notables diferencias respecto del texto de la propuesta inicial especialmente a la hora de ampliar el ámbito subjetivo de la propia obligación de comunicación. La Directica supone una modificación de la Directiva 2011/16, sobre intercambio automático de información entre los Estados miembros en el ámbito de la fiscalidad y de ahí la denominación de aquélla como DAC6.

2.- Contenido de la Directiva.

El contenido de la Directiva puede resumirse fácilmente. Los llamados intermediarios fiscales deberán comunicar a su Administración tributaria determinada información sobre los mecanismos transfronterizos en los que intervengan, cuando tales mecanismos reúnan alguna de las características entre las listadas en la propia Directiva. Luego,  los Estados miembros intercambiarán esa información automáticamente y así conocerán pronto planificaciones abusivas o con riesgo de serlo.

La información ha de referirse a un mecanismo transfronterizo (“dispositifs” o “arrangements” en las versiones en lengua francesa o inglesa). Los mecanismos puramente domésticos, que no afectan a otro Estado, no están sujetos a un deber de comunicación, aunque un Estado miembro puede incluir unilateralmente tales operaciones en el ámbito de la comunicación obligatoria.

El concepto “mecanismo” no se define. Hay que entender que se trata de cualquier negocio u operación o conjunto de negocios. Y ese mecanismo estará sujeto a comunicación obligatoria cuando reúna alguna de las características o señas distintivas del nuevo Anexo IV en la Directiva 2011/16.  Estos “hallmarks” o señas distintivas parecen responder a diferentes objetivos. Las dos primeras de las cinco categorías de señas distintivas afectan a típicos esquemas de planificación fiscal estándar en los que suele mediar un propósito fiscal combinado con una retribución a la parte del promotor y una cláusula de confidencialidad. La tercera de las categorías apunta a mecanismos que conducen a una no imposición aprovechando ciertos regímenes fiscales incluida la ausencia de impuesto sobre sociedades en otro Estado o la aplicación por éste de un tipo cero “o casi cero”. La cuarta categoría trata de disuadir esquemas que afecten al intercambio internacional de información y la titularidad real. Y la última categoría pueda ser la más controvertida al referirse a cuestiones de precios de transferencia incluyendo mecanismos ligados a la transmisión de intangibles difíciles de valorar y a ciertas reorganizaciones entre sociedades del mismo grupo con transferencia de funciones, riesgos o activos, si el resultado de explotación (EBIT) anual previsto, durante los tres años posteriores, del ordenante o los ordenantes es inferior al 50 por 100 del EBIT anual previsto de no haberse realizado la transferencia.

Son los intermediarios de un Estado miembro, y no en principio los contribuyentes, los obligados a declarar. Y la Directiva recoge una noción muy amplia de intermediario. Lo es cualquier persona que diseñe, comercialice, organice, ponga a disposición para su ejecución un mecanismo transfronterizo sujeto a comunicación de información, o que gestione su ejecución. Pero también cualquier persona que sabe o cabe suponer que sabe que presta, directamente o por medio de otras personas, ayuda, asistencia o asesoramiento con respecto al diseño, comercialización, organización, puesta a disposición para su ejecución o gestión de la ejecución de un mecanismo transfronterizo. Cuando intervengan varios intermediarios, todos deben comunicar salvo prueba de que la misma información ya ha sido comunicada por otro de aquellos. El contribuyente interesado es el obligado a comunicar únicamente cuando no hay ningún intermediario pues el mecanismo se ha gestado y ejecutado en el seno de la empresa o cuando todos los intermediarios han quedado dispensados de esta obligación por las normas nacionales sobre secreto profesional.

La información a comunicar parece ceñirse a la identificación de las operaciones, sus características y el valor de las mismas.

3.- Conclusiones

Nos hallamos ante una Directiva trascendente en la corriente de revisión de las prácticas de planificación fiscal, pero que adolece de una imprecisión de partida pues mezcla la información, la prevención y la lucha contra el fraude fiscal sin aclarar los límites entre estas categorías y renunciando a cualquier intento de que el sistema que establece sirva para proporcionar mayor seguridad jurídica. A contrario, se advierte que la comunicación de esta información no sirve para obtener un grado de confianza previa sobre la validez que la Administración tributaria otorga a estos mecanismos. De esta manera, la Directiva puede tener una implantación confusa en los distintos Estados y curiosamente podría ayudar a la competencia fiscal entre éstos y suponer un obstáculo en el funcionamiento del mercado interior al dejar aparte los mecanismos puramente domésticos.

En el caso de España, la trasposición de la Directiva reavivará sin duda dos viejos problemas nunca resueltos: la noción de asesor fiscal y cuál es el sentido y el ámbito de su secreto profesional. Por otro parte, al diferenciar en cierto modo la llamada planificación fiscal afectará a la propia organización interna de la profesión.

Entrega de los premios ‘The Young Excellence Challenge’

El 13 de junio el Centro de Estudios Garrigues vivió un momento muy emocionante con la entrega de los premios de la primera edición ‘The Young Excellence Challenge’, puestos en marcha por esta institución educativa con el fin de fomentar entre los jóvenes el trabajo en equipo e incentivar la excelencia en la investigación jurídica a través de la creación de equipos de trabajo sobre nuevas tecnologías aplicadas a las áreas de especialización de los posgrados que se imparten en el Centro.

La primera edición de estos premios ha contado con la participación de seis equipos integrados por alumnos de último curso provenientes de diversas universidades españolas que,  junto a un team leader designado entre los alumnos de posgrado de la promoción actual y con la mentoría de algunos de los profesores del Centro de Estudios Garrigues, han trabajado sobre temas tan apasionantes y diversos como las criptomonedas y el blanqueo de capitales, el control empresarial a través del microchip, las initial coin offerings o la responsabilidad extracontractual en la evolución de la inteligencia artificial.

Primer Premio con el trabajo titulado “Cuando la criptomoneda se convierte en fuente de financiación de las startups”.

Durante el acto, presidido por Félix Plaza, director del Centro de Estudios Garrigues, y Vanessa Izquierdo, directora académica, se ha comunicado el fallo del jurado por el que el equipo liderado por Diego Andrés Boville, estudiante del Master en Recursos Humanos, e integrado por Miren Josu Ibáñez Sustacha, Alba Nieves Barroso (ambas estudiantes de Derecho y ADE de la Universidad Carlos III), y Marta Marimón Boville (estudiante de Derecho de la Universidad Autónoma), ha obtenido el primer premio con el trabajo titulado “Cuando la criptomoneda se convierte en fuente de financiación de las startups”.

El trabajo que se ha alzado con el segundo premio en esta convocatoria ha sido “Los acuerdos de refinanciación a través de las nuevas tecnologías”, elaborado por José Manuel Dioso Bisobe, Noel Oñoro Serrano, y Jorge Zamarriego Pérez, estudiantes de Derecho de la Universidad de Alcalá, cuyo team leader ha sido Lucía Herrero, alumna actual del Máster en Práctica Jurídica, Especialidad Empresarial y finalista del Premio Jóvenes Juristas 2017.

Segundo Premio con el trabajo titulado “Los acuerdos de refinanciación a través de las nuevas tecnologías”.

Los premiados recibirán, respectivamente, una beca del 50% y del 25%  para cursar en el Centro de Estudios Garrigues el master full time que decidan, además de la publicación de un extracto de sus trabajos de investigación en el Blog del Centro.

La Dirección del Centro mostró su agradecimiento a todos los participantes por la buena acogida del premio y el esfuerzo que cada equipo ha realizado para compaginar la exigencia de este reto con la recta final de sus estudios de grado y posgrado.

¡Enhorabuena porque todos habéis ganado con esta experiencia que inicia, con esfuerzo, el camino hacia la excelencia y el éxito profesional!

Sobre el origen intelectual de blockchain (II). Los precursores próximos

En la primera parte de este post por entregas sobre los antecedentes intelectuales de blockchain recordé dos personajes a los que califiqué como precursores remotos: Alan Turing y John von Neumann. En esta segunda parte me ocuparé de dos precursores más próximos: Tim May y David Chaum (y dejaré para una tercera a Nick Szabo y Wei Dai).

De los ominosos años de la segunda guerra mundial y la guerra fría nos trasladamos ahora a la década de los ochenta y noventa: un contexto político, socio-económico y tecnológico muy diferente. Tras la caída del muro y la descomposición del bloque del Este, de lo que se habla es de “fin de la historia” (en el sentido de abandono de las utopías marxistas) y de globalización; y en el ámbito tecnológico, de microprocesadores cada vez más potentes, de Internet, y de telefonía móvil.

Como recordarán, en los primeros años de la irrupción de Internet en nuestra sociedad se concibió por muchos la expectativa de grandes cambios culturales, sociales y políticos. La realización de los grandes sueños de la Ilustración parecía más cerca que nunca: un mundo compartimentado en agresivos Estados nacionales y controlado por las grandes multinacionales podía dar paso, gracias a esta nueva tecnología, a una verdadera comunidad humana universal, unida por la comunicación, la circulación de la información sin intermediarios y el fácil acceso al conocimiento. Por supuesto, esta comunidad en el ciberespacio tendría su faceta económica: un comercio universal, que vendría a difundir la prosperidad por todo el planeta.

Sin embargo, aunque el cambio en los hábitos sociales que ha traído consigo Internet y la telefonía sin hilos ha sido muy intenso, pronto se constató que la difusión de las nuevas tecnologías no llevaba consigo los cambios políticos que algunos esperaban. Los Estados nacionales no han desaparecido, sino que, precisamente, han encontrado en la tecnología digital una nueva arma de control de la ciudadanía con la excusa de un radicalismo y terrorismo globalizado que también ha sabido aprovecharse de la tecnología para sus propios fines, completamente ajenos a esa difusión de la ilustración que se suponía iba a traer consigo Internet. También en lo económico se ha podido constatar que globalización no es sinónimo de prosperidad general. Unas multinacionales han sucedido a otras, pero la concentración del poder económico no ha disminuido, sino que más bien se ha incrementado. En nuestros días, unas pocas empresas nacidas de las nuevas tecnologías como Apple, Microsoft, Google, Facebook o Amazon gozan de una penetración social y de una capacidad de influencia y de control como nunca habían existido antes.

Esto, que empezaba a gestarse ya en los años noventa, ha dado lugar a que ese pensamiento un tanto visionario y utópico propio de los primeros tiempos de Internet haya pasado –por así decirlo- a la resistencia, transformado en un activismo y una ideología contestataria y antisistema, pero desde dentro y con herramientas propias del universo digital. Aparecen así los hackers –rodeados, como todos los piratas y rebeldes, de una aureola de romanticismo-, los cyberpunks y, por lo que ahora nos interesa, los cypherpunks o criptoanarquistas, una corriente ideológica que reinvindica el acceso de los particulares a la criptografía, a las técnicas de cifrado o encriptación de la información, frente a las pretensiones de monopolizar el uso de esta tecnología por las agencias de seguridad nacionales.

La criptografía a que me estoy refiriendo es la criptografía de base matemática, que es la criptografía moderna, propia del mundo de la tecnología informática, de la aplicación de la electrónica a la computación, es decir, algo que empieza a desarrollarse sólo a partir de la mitad del siglo pasado. Anteriormente, las técnicas de cifrado eran mucho más rudimentarias: desde los códigos elementales consistentes en un simple algoritmo de sustitución de letras que empleaba Julio César en sus comunicaciones en campaña, hasta la encriptación electromecánica de los mensajes de telegrafía o de radio mediante la máquina Enigma de la inteligencia militar alemana durante la Segunda Guerra Mundial, que se basaba en el juego con las posiciones variables de los rotores de una máquina fabricada en serie que convertían unos caracteres alfabéticos en otros. La colocación de los rotores de la máquina de la que dispone el destinatario del mensaje en la misma posición en que se colocaron los rotores en la máquina del emisor es lo que permite el descifrado. Por tanto, se trataba de un sistema de cifrado de clave única o simétrica de naturaleza mecánica, que se iba cambiando cada cierto tiempo y que planteaba el problema de que dependía de la existencia de una información previa compartida por emisor y receptor acerca de la clave que se emplea en cada momento –es decir, la concreta disposición de los rotores que se está empleando en un momento dado-, información que podía ser interceptada por el enemigo y aprovechable por éste si disponía de un ejemplar del mismo modelo de máquina. La criptografía matemática se basa, por el contrario, en operaciones aritméticas o de cómputo o cálculo matemático que se aplican sobre mensajes digitalizados o numerizados, es decir, que se han convertido previamente en números. Gracias a los ordenadores –máquinas que operan a velocidad electrónica, es decir, a una velocidad próxima a la de la luz- es posible el uso práctico de estas técnicas de encriptación y desencriptación cuyo empleo requiere la realización veloz de estas muy complejas operaciones de cómputo numérico (que suelen tener por objeto grandes números primos, cuyo producto es muy difícil de factorizar).

En un primer momento, los gobiernos, en particular el estadounidense a través de la NSA (National Security Agency), trataron de reservarse el conocimiento y uso de esta tecnología que tan vital había resultado durante la guerra, evitando su difusión para el uso comercial y por el público en general. Sin embargo, a mediados de los años setenta, tras una complicada pugna con la NSA, la compañía IBM registró en la oficina nacional de estándares estadounidense un algoritmo estándar de cifrado conocido como DES (Data Encryption Standard), que sería puesto a disposición de las empresas del sector financiero (que lo requerían para el desarrollo de su red de cajeros automáticos), y cuyo conocimiento y difusión pública generó un creciente interés por la moderna criptografía matemática más allá del coto cerrado de los servicios de seguridad. En esa misma década, accedió también al conocimiento público el revolucionario descubrimiento de la criptografía asimétrica o de clave pública (primero el algoritmo de Diffie-Hellman, y luego el algoritmo RSA, de Rivest, Shamir y Adleman, que lo desarrollaron por primera vez en 1977), que resuelve el grave problema de vulnerabilidad al que me he referido que conlleva la distribución de las claves en los tradicionales sistemas de criptografía simétrica, una técnica que es precisamente vital para permitir las comunicaciones seguras entre desconocidos, lo que a su vez es imprescindible para el desarrollo de transacciones económicas en Internet.

Ya en los años noventa, nos encontramos en la vanguardia de este movimiento criptolibertario con un personaje llamado Timothy C. May –más conocido como Tim May-. Este hippie tecnológico californiano, que en su día fue un reputado ingeniero electrónico y científico que trabajó para Intel, publicó en una fecha tan temprana digitalmente hablando como el año 1992 el “Manifiesto Criptoanarquista”, un breve texto en el que anunciaba que la informática estaba al borde de proporcionar la capacidad a individuos y grupos de comunicarse e interactuar entre ellos de forma totalmente anónima. Dos personas pueden intercambiar mensajes, hacer negocios y concertar contratos electrónicos, sin saber nunca el nombre auténtico, o la identidad legal, de la otra. Las interacciones sobre las redes serán intrazables, gracias al uso extendido de re-enrutado de paquetes encriptados en máquinas a prueba de manipulación que implementen protocolos criptográficos con garantías casi perfectas contra cualquier intento de alteración. Las reputaciones tendrán una importancia crucial, mucho más importante en los tratos que las calificaciones crediticias de hoy en día. Estos progresos alterarán completamente la naturaleza de la regulación del gobierno, la capacidad de gravar y de controlar las interacciones económicas, la capacidad de mantener la información secreta, e incluso alterarán la naturaleza de la confianza y de la reputación.(…) Los métodos están basados en el cifrado de clave pública, sistemas interactivos de prueba de cero-conocimiento, y varios protocolos de software para la interacción, autenticación y verificación. El foco hasta ahora ha estado en conferencias académicas en Europa y EE.UU., conferencias monitorizadas de cerca por la Agencia de Seguridad Nacional. Pero solo recientemente las redes de computadores y ordenadores personales han alcanzado la velocidad suficiente para hacer las ideas realizables en la práctica…”.

En los años siguientes, Tim May fue el impulsor y principal contribuyente de textos a varios foros de Internet dedicados a la criptografía y a la ideología criptoanarquista (Cypherpunks electronic mailing links y Cyphernomicon), y es uno de los referentes intelectuales explícitos en el círculo de sujetos involucrados en el diseño de las primeras criptomonedas (como Nick Szabo o Wei Dai).

Con un enfoque no tan político sino más técnico y también de negocio nos encontramos al siguiente personaje, también californiano: David Lee Chaum, un brillante matemático e informático que ya desde los años ochenta fue creando novedosos protocolos criptográficos susceptibles de aplicación en el ámbito del comercio, los pagos e incluso la votaciones on line. En concreto, a él se debe el protocolo conocido como de “firma ciega”, que es el equivalente digital a esas votaciones que se hacen introduciendo un sobre anónimo con la papeleta dentro de otro sobre donde se identifica al votante.

La motivación de Chaum para la creación de este tipo de protocolos fue su preocupación por la privacidad de las transacciones económicas, algo que se estaba perdiendo a medida que se generalizaban los medios electrónicos de pago. Así, una de las propiedades esenciales del tradicional dinero efectivo en forma de monedas metálicas o billetes de papel es su carácter anónimo, de dinero al portador. Por el contrario, todas las nuevas formas de movilizar el dinero representado en cuentas bancarias, mediante transferencias, tarjetas de crédito, pasarelas de pago en Internet, etc. permiten el seguimiento de quién paga qué cantidad a quién y por qué. Y ello hace que un número creciente de datos que pueden revelar mucho sobre mis preferencias y hábitos de consumo y en definitiva sobre mi personalidad, quedan registrados y terminan en una base de datos digital que escapa completamente a mi control.

No voy a detenerme en explicar pormenorizadamente en qué consiste técnicamente el protocolo de firma ciega ideado por Chaum y que éste expuso en una conferencia del año 1982 con el título Blind signatures for untraceable payments. En definitiva, se trata de que un determinado sujeto o autoridad marque con su firma electrónica un concreto ítem digital generado por otro sujeto sin que el primero conozca el contenido del ítem marcado, pero sí de quién procede y de qué tipo de ítem se trata. ¿Y esto para qué sirve? Pues en actuaciones en que interesa que intervenga un tercero verificador o validador, por ejemplo, una autoridad electoral que verifique que quien va a emitir un voto on line está legitimado para votar y sólo vota una vez, pero de manera que esa autoridad verificadora no conozca el contenido del voto validado, dada la necesidad de preservar el secreto de la votación. Tratándose de dinero electrónico, el tercero verificador es el banco que lleva la cuenta del sujeto que pretende generar un ítem o token dinerario digital, porque ese banco es el que verifica si el sujeto emisor tiene saldo suficiente y debe dar de baja el importe correspondiente en su cuenta para evitar la doble disposición. ¿Y en este ámbito para qué sirve un protocolo de firma ciega? Pues para que el banco, una vez realizada la indicada verificación de la legitimación dispositiva del emisor, pueda marcar como válido el token dinerario emitido sin conocer el concreto número de serie que identifica individualmente a éste y permite su control. De esta manera, cuando el sujeto que ha recibido el pago presente un determinado token con su concreto número de serie a este mismo banco para su canje por dinero ordinario, el banco no sabe cuál de sus clientes fue el emisor de ese token y por tanto quién realizó ese concreto pago.

¿Y cómo se consigue que el banco firme un determinado ítem dinerario sin conocer el número de serie que lo individualiza? Aquí es donde interviene el ingenio matemático de Chaum: el emisor, es decir, el cliente del banco que quiere hacer un pago con efectivo electrónico, genera aleatoriamente un número de serie x y antes de remitirlo con su solicitud al banco lo envuelve o disfraza multiplicándolo por un factor C que sólo él conoce. O dicho de otra forma, el emisor envía al banco un número de serie encriptado mediante una función o algoritmo conmutativo C(x), que es reversible realizando la operación aritmética inversa, en este caso, la división C’ por el mismo factor. El banco validador, una vez verificada la legitimación dispositiva del emisor, aplica su firma electrónica con su clave privada S’ a ese número de serie encriptado y remite el resultado, S’(C(x)), al emisor. Éste aplica ahora la división inversa a la multiplicación mediante la que encriptó el número de serie, C’(S’(C(x))), y obtiene S’(x), es decir, el número de serie original con la firma electrónica del banco, o lo que es lo mismo un billete de banco electrónico que se puede emplear para realizar un pago sin que el banco conozca quién ha sido el generador de ese concreto billete. Por tanto, algo absolutamente análogo a la emisión de billetes de banco contra depósitos en efectivo metálico, pero en un entorno digital.

El propio David Chaum intentó llevar a la práctica esta idea con la creación de la empresa DigiCash, con sede en Amsterdam, en el año 1989, un negocio que no llegó a ir bien (de hecho, sólo dos bancos se adhirieron al proyecto: un banco de Missouri llamado Mark Twain Bank, y el Deutsche Bank, no hubo más de 5.000 clientes y el volumen total de pagos no pasó de los 250.000 $). Según explicaría su creador, fue difícil conseguir que un número suficiente de comerciantes aceptasen este medio de pago, de manera que hubiese un número suficiente de consumidores que lo utilizasen, o viceversa. David Chaum se convirtió en un héroe para los criptoanarquistas o cryptoliberterians, pero el problema fue que al consumidor medio no le termina de preocupar demasiado el tema de la privacidad de sus transacciones. Al final, DigiCash quebró y tuvo que vender todos sus activos en el año 1998.

En cualquier caso, lo que me interesa de esta experiencia es que el dinero efectivo electrónico que ideó David Chaum sigue dependiendo del dinero de curso legal ordinario (porque siempre se parte de y se termina en una cuenta bancaria en dólares, euros o cualquier otra divisa estatal); y que el control contable que evita el doble gasto sigue encomendado al sistema bancario tradicional, pues es un banco el que comprueba la legitimación del emisor y da de baja en cuenta la cantidad emitida de cash electrónico.

La futura criptomoneda Bitcoin supondrá un cambio absolutamente radical de modelo.

(La obra pionera sobre criptografía matemática es un artículo de Claude Shannon “Communication Theory of Secrecy Systems”, publicado en el año 1949 en el Bell System Technical Journal, y el libro de Shannon y Warren Weaver “Mathematical Theory of Communication”.

Una explicación del funcionamiento de la máquina Enigma y una narración de las curiosas peripecias de la lucha criptográfica durante la Segunda Guerra Mundial en una obra que ya cité en el anterior post: “Alan Turing. El pionero de la era de la información”, de B. Jack Copeland, Turner Noema, Madrid, 2012, págs. 51 y ss.

Sobre la lucha de los primeros criptoanarquistas contra la NSA: “Cripto. Cómo los informáticos libertarios vencieron al gobierno y salvaguardaron la intimidad en la era digital”, de Steven Levy, Alianza Editorial, 2001.)

El Máster Universitario en Banca y Finanzas del Centro de Estudios Garrigues se consolida como una de las mejores opciones formativas especializadas del país

La Comisión Nacional del Mercado de Valores acredita este Máster Universitario oficial por la Universidad Nebrija para el cumplimiento de MIFID II.

Tras una completa revisión del programa académico, competencias que desarrolla, sistema de evaluación, contenidos lectivos y dimensión de las materias del Máster en Banca y Finanzas que se imparte en el Centro de Estudios Garrigues, el pasado 31 de mayo el órgano competente de la CNMV hizo pública la acreditación oficial del cumplimiento de los requisitos recogidos en la Guía Técnica que la CNMV aprobó en junio de 2017 en atención a lo que establece la normativa europea MIFID II.

Esta homologación permitirá a los alumnos actuales y futuros del Máster acreditar oficialmente ante los departamentos de cumplimiento de las instituciones financieras en las que comiencen sus carreras profesionales que disponen de los conocimientos y competencias exigidos por la normativa actual, de tal forma que puedan asesorar desde el primer día a los clientes sobre productos financieros y servicios de inversión, sin necesidad de realizar ninguna otra  formación o prueba de evaluación adicional.

El Máster en Banca y Finanzas del Centro de Estudios Garrigues además de estar avalado tanto por el regulador como por los más prestigiosos rankings.

Charo Izquierdo, directora de Mercedes-Benz Fashion Week Madrid, participa en las FashionTalks del Centro de Estudios Garrigues

Hemos tenido la suerte de recibir en el Centro de Estudios Garrigues a Charo Izquierdo, directora de Mercedes-Benz Fashion Week Madrid, la gran pasarela de promoción de la moda española organizada por IFEMA, quien ha participado en una nueva #FashionTalk moderada por Gema Jiménez Peral, Ex subdirectora de Vogue.

Durante la jornada se han desgranado algunos de los retos a los que se enfrenta esta importante industria, que ya representa el 3% del PIB español, y cómo la pasarela puede, y debe, contribuir a mejorar la proyección internacional de la moda española y aumentar su cifra de negocio.

Preguntada sobre la irrupción de la tecnología en este sector y los cambios que se producirán en el futuro, Charo Izquierdo ha reconocido que la moda no puede permanecer ajena al proceso de digitalización y revolución tecnológica que estamos viviendo y que, sin duda, tanto la tecnología –en forma de, por ejemplo, nuevos tejidos- y la sostenibilidad tendrán mucho que ver con los cambios que vivirá el sector de la moda en los próximos años.

Fernando Vives clausura el Master of Laws in International Transactions (LL.M) del Centro de Estudios Garrigues

El pasado 1 de junio los alumnos del programa Master of Laws in International Transaction (LL.M) del Centro de Estudios Garrigues concluyeron un intenso programa formativo con el Workshop “Crowdfunding”, impartido por el profesor Werner Bijkerk.

Esa misma mañana se celebró el Acto de Clausura del programa que contó con las intervenciones del Presidente Ejecutivo y Socio Director de Garrigues, Fernando Vives,  del director del Centro de Estudios Garrigues, Félix Plaza que entregaron los diplomas junto a Javier Marzo, director del LL.M.

La clausura del Máster concluyó con la tradicional foto de grupo y un cóctel del que pudieron disfrutar los recién egresados.

Este programa, que se imparte en colaboración con la Universidad de Nebrija y Fordham University -una de las instituciones legales más antiguas de Estados Unidos-, ha sido diseñado para proporcionar una formación global y multidisciplinar a abogados con experiencia, a quienes, además, se les forma en diferentes especialidades del Derecho.