Discurso de Félix Plaza, Director del Centro de Estudios Garrigues, en el Acto de Apertura del Curso Académico 2018/2019

Sr. Rector Magnífico de la Universidad Antonio de Nebrija, Don Juan Cayón,

Sr. Director General de la Agencia Estatal de Administración Tributaria, D. Jesús Gascón Catalán,

Sr. Senior Partner de Garrigues, D. Ricardo Gómez-Barreda,

Queridos profesores del claustro académico del Centro de Estudios Garrigues,

Queridos alumnos del curso académico 18/19,

Queridos amigos:

Inauguramos hoy de manera oficial el año académico 2018/2019.

En los primeros días de clase tuve ocasión de dirigirme a la mayoría de vosotros para daros la bienvenida al Centro de Estudios Garrigues y trasladaros una serie de principios y valores irrenunciables en los que se asienta nuestra institución como el trabajo en equipo, la solidaridad, el esfuerzo…, pero por encima de todo nuestras tres “Es”:

  • Ética.
  • Excelencia.
  • Exigencia

Probablemente la exigencia no sea más que una manifestación de la excelencia, ya que no se puede ser excelente sin exigirse el máximo, pero la excelencia tiene más pilares como el rigor (entendido como propiedad y precisión) y el conocimiento.

Y es aquí, en el conocimiento, donde empieza realmente la reflexión que quería haceros al inicio de este curso.

Durante mi tiempo universitario no existía internet. La investigación de cualquier asunto requería tiempo para desplazarse a la biblioteca, tiempo para localizar las obras o trabajos que pudieran tener que ver con el asunto a analizar o de revisar bases de datos e índices antes de encargar lo que se quería consultar. Hoy, lo que antes podía llevar horas, lleva minutos (poco más que un clic de ratón y unos minutos de procesamiento de la información a analizar). A partir de aquí, el camino es y ha ido siempre el mismo. El estudio detenido.

He oído que en Internet se habla de los «años de perro», porque un año de Internet es como siete años en el «mundo real».

Siempre he pensado que esta evolución tecnológica es buena. Lo sigo pensando. Pero como todo, puede tener efectos secundarios…

El otro día me remitieron por WhatsApp un artículo de Javier Paredes, Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Alcalá, publicado en el digital Hispanidad, en el que, analizando otro tema, dejaba caer lo siguiente:

Cuando la sociedad de la información suplanta a la sociedad del conocimiento, brota la ignorancia hasta en las mentes más despiertas. Y lo malo es que algunos piensan que es lo mismo una que otra. No, nada que ver la una con la otra. La sociedad de la información solo ve la tele y en el mejor de los casos, de vez en cuando, lee algo corto. La sociedad del conocimiento lee, estudia y ve poco o nada la tele. Por lo tanto, mejor acudamos a los que han estudiado el ser de España”.

Este artículo me llamó la atención sobre algo que me parece muy trascendente y es si hoy, que estamos viviendo el momento de la historia en el que tenemos acceso a una mayor cantidad de información, la sociedad, de manera transversal, está siendo capaz de transformar esa información en un mayor conocimiento o si, al contrario, el acceso rápido a la información está generando el efecto de que no profundicemos en las cosas, de que realmente sepamos un poco de mucho y no conozcamos mucho de prácticamente nada.

José María Sanz-Magallón, Subdirector General de Comunicación Interna y Gestión del Conocimiento de Telefónica S.A., en un artículo publicado en Nueva Revista constataba que “Una edición diaria del New York Times contiene más información de la que tendría un ciudadano promedio del siglo XVII durante toda su vida. En los últimos cinco años se ha generado más información que en los 5.000 anteriores, y esta información se duplica cada cinco años”.

Pero, ¿somos capaces de convertir toda esa información en conocimiento? ¿O el exceso de información puede redundar negativamente en la generalidad de la sociedad a la hora de profundizar en el conocimiento? Y, todo ello sin plantearnos aquí algo tan trascendente como lo anterior como es ¿quién vela por la veracidad y el rigor de la información?

Como apunta Sanz-Magallón en el artículo ya mencionado “Es evidente que gracias al desarrollo de las modernas tecnologías de almacenamiento, procesamiento y transmisión de información, el ser humano puede hacer frente y manejar las ingentes cantidades de datos que se producen. Sin embargo, como señala Julio Linares, «cuanto mayor es la información generada por una sociedad, mayor es la necesidad de convertirla en conocimiento»”.

Los profesores Zoia Bozul y José Castro Herrera en su trabajo “El profesorado universitario en la sociedad del conocimiento: competencias profesionales docentes” señalan que:

la sociedad del conocimiento no es algo que exista actualmente, es un estado final de una etapa evolutiva hacia la que se dirige la sociedad, etapa posterior a la actual era de la información, y hacia la que se llegará por medio de las oportunidades que representan la tecnología de la información y comunicación (TIC) de las sociedades actuales.

Con base en lo anteriormente expuesto se percibe la necesidad de formar personas que puedan ser capaces de seleccionar, actualizar y utilizar el conocimiento en un contexto específico, que sean capaces de aprender en diferentes contextos y modalidades y a lo largo de toda la vida y que puedan entender el potencial de lo que van aprendiendo para que puedan adaptar el conocimiento a situaciones nuevas”.

Sin embargo, no en pocas ocasiones se han confundido o identificado, los conceptos sociedad de la información y sociedad del conocimiento. Creo, sin embargo que hoy es preciso más que nunca distinguir claramente entre información y conocimiento, y ello aun cuando la información sea consustancial al conocimiento.

En el artículo ya mencionado, José María Sanz-Magallón define la sociedad del conocimiento como “aquélla en que los ciudadanos disponen de un acceso prácticamente ilimitado e inmediato a la información, y en la que ésta, su procesamiento y transmisión actúan como factores decisivos en toda la actividad de los individuos, desde sus relaciones económicas hasta el ocio y la vida pública.”

El profesor de la Universidad de Barcelona Kasten Krüger en su trabajo EL CONCEPTO DE ‘SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO apunta que “El concepto actual de la “sociedad del conocimiento‟ no está centrado en el progreso tecnológico, sino que lo considera como un factor del cambio social entre otros, como, por ejemplo, la expansión de la educación. Según este enfoque, el conocimiento será cada vez más la base de los procesos sociales en diversos ámbitos funcionales de las sociedades. Crece la importancia del conocimiento como recurso económico, lo que conlleva la necesidad de aprender a lo largo de toda la vida. Pero igualmente crece la conciencia del no-saber y la conciencia de los riesgos de la sociedad moderna”.

En esta misma línea, José Luis Mateo, ex vicepresidente del CSIC, en su trabajo SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO señala que: “El conocimiento, pues, siempre ha jugado un papel destacado, si bien el ritmo de la generación del mismo, es lo que, sin duda, marca diferencias importantísimas de unas épocas a otras.

Con cierta frecuencia se denomina a nuestra sociedad actual como la sociedad del aprendizaje y, sin duda, dicha denominación responde a la realidad, si bien es conveniente matizar o añadir que ello es consecuencia, en buena parte, de la rápida producción y generación de conocimientos que obliga a un aprendizaje continuo para no quedar obsoleto en la materia en cuestión. La sociedad del aprendizaje es, pues, una consecuencia de la sociedad del conocimiento. Dicho de otro modo, los profesionales de la última o últimas generaciones y de las venideras no dejarán de ser estudiantes nunca.

Pues bien, a la luz de todo lo anterior, creo que es necesario entender que la sociedad de la información no debe confundirse con la sociedad del conocimiento, aunque nos llevará (no está llevando) inexorablemente a ella.

Pero del mismo modo, se hace preciso, ahora más que nunca, no ser superficial, ligero, no estar “informadamente desinformados”. Nuestro futuro, el futuro de la sociedad, como siempre ha ocurrido, depende del conocimiento y este de nuestra capacidad de convertir la información en saber.

La evolución tecnológica ha puesto a nuestra disposición las herramientas (un acceso ilimitado a la información), ahora depende de nosotros utilizar esas herramientas para producir frutos, nos toca transformar la información en conocimiento.

En palabras de Kofi Annan : “Saber es poder. Informar es liberar. La educación es una condición del progreso en todas las sociedades, en todas las familias”.

En el Centro de Estudios Garrigues queremos que seáis absolutamente diferenciales, que entendáis que estáis llamados a llevar las riendas de la transformación de la sociedad y que en esa transformación la herramienta más importante y la que os va a distinguir de todos los demás es el conocimiento.

Dejad que os ayudemos en ese proceso, que os ayudemos a construir una sociedad mejor, un futuro mejor, dejad que os demos la herramienta que os ayudará a trasformar el mundo, el conocimiento.

Hoy sí que quedáis informados de vuestra responsabilidad.

Muchas gracias