El anarco-dinero y la superación del problema del doble gasto

Bitcoin es la primera y más popular criptomoneda. Se trata de moneda electrónica anónima (al portador) y descentralizada. Lo disruptivo no es la condición electrónica del dinero-la mayoría de las transacciones dinerarias en los países desarrollados ya lo son-sino la descentralización del procedimiento. Se trata de un sistema que aspira a garantizar robustez en el flujo dinerario sin el concurso de terceros interpuestos. Sin que la transacción precise la consolidación contable entre los bancos del deudor y del acreedor.

Bitcoin es sólo uno de los fenómenos tras una corriente de pensamiento que emerge con fuerza. Para entenderlo hay que reflexionar sobre la filosofía que hay detrás, intercambio de ficheros, el código libre o Blockchain.

Uno de los anhelos anarco-capitalistas es contar con dinero que permita transacciones al margen del control de los Estados y sus bancos centrales. Dinero de adopción voluntaria que pueda ser aceptado como medio de pago universal permitiendo el anonimato que en la actualidad proporciona el dinero al portador. Algo que permita un flujo dinerario descentralizado, ágil, anónimo y eficaz.

Para que el flujo dinerario sea eficaz es imprescindible que el anarco-dinero utilizado como cualquier otro, solucione lo que se ha dado en denominar “el problema del doble gasto”. Es consustancial con el funcionamiento del dinero, en cualquier formato, que quien lo utiliza para pagar a un tercero agote el ulterior derecho de disposición sobre este, otorgándoselo al acreedor al que ha pagado, y así sucesivamente. De no ser así, el anarco-dinero estaría en una  espiral inflacionista que supondría su desaparición.

Cuando se usa efectivo (monedas y billetes) la traslación de su posesión evita ulteriores disposiciones por parte de quien paga. El problema del doble gasto se soluciona por pérdida de la posesión de algo tangible. La entrega del metal o papel impide el doble gasto.

La utilización del dinero efectivo permite que la identidad de acreedor y deudor sea sólo conocida, en su caso, por ellos mismos. Es opaca para cualquiera que no haya presenciado el pago. Presenta abundantes inconvenientes como los pagos a distancia, los robos, la intrínseca limitación de la condición metálica de la moneda en cuanto a peso y volumen, etc. Por estos y otros motivos el formato y naturaleza del dinero ha ido evolucionando. Sin embargo, siempre ha existido el objetivo común de evitar su doble gasto. Así por ejemplo, los billetes no son sino títulos al portador cuya entrega agota el derecho de disposición de su inicial poseedor.

Si queremos que el anarco-dinero funcione, también tiene que ser ágil. Como el presupuesto necesario para la eficacia de cualquier dinero es evitar su múltiple disposición, habrá de llevarse una contabilidad única de todas las transacciones de los adheridos a la anarco-moneda. La exigencia en la llevanza de esta contabilidad será creciente, en función del número de adhesiones y del de transacciones. Es evidente que, la recepción de órdenes de transferencias, la verificación de la identidad del pagador, la verificación de la existencia de saldo y la consolidación contable del dinero transmitido, es una labor de difícil asunción universal y solitaria.

Además la llevanza solitaria de la contabilidad invita a cuestionar la incondicional honorabilidad de quien la lleva. Desde una perspectiva anarquista, la posibilidad de manipulación de la matriz permanece en la medida en que el control de esa contabilidad recaiga en concretas personas, que serán igualmente corruptibles.

La solución pasa por una llevanza colaborativa de la contabilidad. Los intervinientes en el tráfico dinerario llevan coordinada o recurrentemente su contabilización. Sin embargo, lo inconvenientes de orden práctico de esta llevanza colaborativa son fácilmente imaginables. Alcanzar consensos en un entorno analógico requiere tiempo y esfuerzo que rápidamente comprometerían la agilidad del anarco-dinero.

Pero, teniendo en cuenta la condición eminentemente electrónica del dinero ¿es posible con ayuda de ingenieros informáticos y algoritmos matemáticos, emular el funcionamiento del dinero al portador en un entorno ágil y fiable? Para ello, insisto, habrá que recepcionar todas las órdenes de pago, verificar la identidad del deudor, actualizar el saldo y registrar el asiento contable que acredita la transacción y todo eso hacerlo de forma descentralizada.

Cuando el dinero es electrónico, el problema del doble gasto se soluciona por interposición; mediante la consolidación de las contabilidades de los interpuestos entre acreedor y deudor. Se interponen en su concepción de mandatarios de una orden de recepción o pago. Si la transferencia electrónica del dinero fuese directa, sin terceros interpuestos que verificasen la existencia de saldo y consolidasen los asientos contables, el deudor siempre podría cuestionar la existencia de las previas transacciones que le habrían despojado de su derecho de disposición. Los interpuestos actúan como testigos de la transacción. Como su testimonio es electrónico, cuentan con un registro informático que acredita la existencia del mandato de pago y su cumplimiento. La interposición bancaria es sin embargo, centralizada, con lo que no cumple con el presupuesto esencial del anarco- dinero. Ni las transacciones son anónimas, ni la contabilización de éstas se produce de forma descentralizada o colaborativa. Para lograrlo, debemos contar con un registro informático único en el que se anoten las transacciones de forma colaborativa, que se consigue con lo que se ha dado en denominar Registros Distribuidos, que es en definitiva la tecnología tras Blockchain

(Para profundizar sobre Bockchain véase: “Blockchain; perspectiva jurídica. De la confianza al consenso”,  de José María Anguiano)