El futuro del trabajo. Los cambios en el mundo laboral

Los cambios que estamos viviendo en el mundo laboral son continuos y acelerados. Si pretendemos averiguar cómo será el trabajo, y cómo se articularán las relaciones laborales, en el futuro, lo único que podemos saber es que cambiarán continuamente y que debemos olvidarnos de intentar encontrar un punto de acomodo estable para afrontar las nuevas realidades. Como ha dicho Yuval Noah Harari, el autor de “Sapiens”, “cualquier intento de definir las características de la sociedad moderna es como definir el color de un camaleón. La única característica de la que podemos estar seguros es del cambio incesante”. Y el problema es que en muchas ocasiones se pretende entender la cambiante realidad laboral utilizando esquemas conceptuales del pasado. Eso explica el desconcierto ante los cambios y el carácter improvisado y voluntarista que tienen muchas de las medidas que se proponen para ordenar la nueva situación.

Ante todo, el mundo del trabajo vive el impacto de los procesos de automatización o robotización. Impacto que afecta tanto al volumen del empleo requerido como a las características de dicho empleo. El volumen del empleo se ve afectado por cuanto los procesos de automatización, el uso de robots cada vez más sofisticados, disminuye, más o menos drásticamente según los sectores, las necesidades de mano de obra. La destrucción de empleo es ingente, si bien es cierto que el mismo proceso que destruye empleo genera también nuevas oportunidades de trabajo. El problema es doble: por una parte, existe, como en todos los procesos de cambio de los sistemas productivos que hemos vivido históricamente, un inevitable desfase entre la destrucción de puestos de trabajo y la aparición en el mercado de los nuevos empleos. Ello presiona, en el corto plazo, sobre el desempleo y provoca la existencia de generaciones laborales que sufren en mayor medida las consecuencias del cambio.

Por otra, y aquí conectamos con el otro impacto de la automatización, el que afecta a las características del empleo, los nuevos trabajos tienen requerimientos formativos muy distintos y pueden no responder a los esquemas tradicionalmente conocidos en el mundo laboral. Los empleos que surgen son distintos de los anteriores, con muy distintas exigencias formativas (lo que dificulta su ocupación por los trabajadores desplazados por la automatización) y con formas de prestación del trabajo que pueden también diferir en medida importante de las tradicionales.

Hemos de tener en cuenta, además, que las consecuencias de la automatización se dejan sentir de manera muy diferenciada según el sector de la mano de obra que consideremos. La mano de obra de mayor cualificación (y mayor remuneración), cuyo desempeño laboral exige el uso de competencias con un componente cognitivo elevado, está hoy por hoy poco afectada por la robotización. Sus trabajos son poco manuales y poco repetitivos y, por tanto, (insisto, hoy por hoy, a la espera de los robots con competencias cognitivas, que sean capaces de tomar decisiones autónomamente) difícilmente automatizables. Igualmente, la mano de obra menos cualificada (y peor remunerada), adscrita en porcentaje creciente a los servicios personales, resiste también a los estragos de la automatización, por desempeñar tareas manuales pero no repetitivas. El mayor impacto de la automatización se da en los trabajos de cualificación media, e incluso alta, y de retribución media o medio-alta, que son manuales y repetitivos y por tanto fácilmente sustituibles por un robot. Ello afecta de lleno al sector industrial y a los componentes más tradicionales, y más sindicalizados, de la población trabajadora.

Esto explica diversos cambios que están teniendo lugar en el mundo laboral. Entre otras cosas, está en la base, junto a otros factores naturalmente, de la creciente apertura del abanico salarial, con mayor diferencia entre los trabajadores mejor retribuidos y los peor retribuidos (precisamente por el mayor impacto que sufren los trabajos de cualificación y de retribución media). Y explica, o contribuye a explicar, algunos de los cambios que más desconciertan a los analistas que siguen usando los esquemas conceptuales del pasado. Por ejemplo, el renacer del trabajo autónomo. Dejando aparte fenómenos claramente fraudulentos, que solo buscan la elusión de la normativa laboral, como el de los falsos autónomos, muchos nuevos trabajos en sectores de tecnología avanzada, con un uso intenso de las tecnologías de la información, surgen o se formalizan como trabajo autónomo, no acomodado al esquema tradicional del trabajo por cuenta ajena. Cada vez más surgirán nuevas oportunidades de empleo autónomo, empleo más o menos dependiente (y, por tanto, con mayor o menor necesidad de protección) pero en todo caso diferenciado claramente del tradicional trabajo por cuenta ajena.

Por otra parte, los nuevos trabajos que surgen en los sectores más avanzados de la economía están vinculados a proyectos concretos y se presentan, por tanto, como trabajos temporales. Seguimos pensando en la temporalidad como un factor de precariedad laboral, que busca en muchas ocasiones simplemente la evitación del vínculo indefinido, por los mayores costes económicos y jurídicos asociados al mismo, pero muchos de los nuevos empleos que se generan por los cambios en el sistema productivo son empleos temporales, estos es que requieren una vinculación laboral temporal, y no indefinidos. La reciente introducción en Francia, por la reforma Macron, de la figura del contrato vinculado a un proyecto, es buen exponente de estas nuevas realidades.

Si pretendemos seguir afrontando la temporalidad en términos exclusivamente de patología, o al menos de excepcionalidad, en la contratación laboral, seremos incapaces de dar respuesta normativa adecuada a las nuevas realidades del mundo del trabajo. Igualmente, tanto la regulación laboral como la de protección social tendrán que tener en cuenta el fenómeno del nuevo protagonismo que está teniendo, y tendrá de forma creciente, el trabajo autónomo.

Por último, un cambio no menor en el ámbito de las relaciones laborales es el que deriva de la tendencia, producto inevitable de los anteriores fenómenos, a la individualización de las relaciones laborales. La regulación individual de las condiciones de trabajo cada vez tendrá mayor relevancia y el contrato de trabajo recuperará espacios significativos para la determinación de las condiciones laborales. Ello genera un punto de fricción importante con el sistema tradicional de negociación colectiva y con la pretensión sindical de mantener el monopolio de la regulación de las condiciones de trabajo.

Todo ello prefigura un mundo laboral cambiado y cambiante. De nada servirá pretender ignorar los cambios o anularlos mediante regulaciones coercitivas. Hemos de buscar nuevas respuestas normativas a las nuevas realidades con las que nos enfrentamos, y no tratar de ignorar los cambios y de reconducir los mismos a los esquemas del pasado.

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